jueves, 22 de marzo de 2012

YO TRIADICO: LA TRÍADA DEL SENTIMIENTO


LA TRÍADA DEL SENTIMIENTO

Lo único que hemos de hacer es abandonar el hábito de considerar real lo que es irreal. Todas las prácticas religiosas tienen por única finalidad ayudarnos en esto. Cuando dejemos de considerar real lo que es irreal quedará la realidad sola y eso seremos.
RAMANA MAHARSHI

    INTERÉS/ PREOCUPACIÓN: Amor al yo falso e imagen propia.
    PROBLEMAS DE: Identidad y hostilidad.
    BUSCA: Atención.
    SENTIMIENTO SOTERRADO: Vergüenza.

En la tríada del instinto vimos cómo rara vez ocupamos de verdad nuestro cuerpo y estamos presentes con plena vitalidad. Del mismo modo, rara vez nos atrevemos a estar totalmente en el corazón. Cuando lo estamos suele ser algo avasallador; por lo tanto, sustituimos el poder del verdadero sentimien­to por todo tipo de reacciones. Este es el dilema principal de la tríada del sen­timiento, la de los tipos Dos, Tres y Cuatro.
En el plano más profundo, las cualidades del corazón son la fuente de nuestra identidad. Cuando uno abre el corazón sabe quién es y «quien es» no tiene nada que ver con lo que los demás piensan de uno y nada que ver con la historia pasada. Uno tiene una cualidad particular, un sabor, algo que es único e íntimamente propio. Es mediante el corazón que reconocemos y va­loramos nuestra verdadera naturaleza.
Cuando estamos conectados con el corazón nos sentimos amados y va­lorados. Además, como enseñan las grandes tradiciones espirituales, el cora­zón revela que somos amados y valorados. Nuestra participación de la natura­leza divina significa que no sólo somos amados por Dios, sino también que la presencia del amor mora en nosotros, somos los conductos por los cuales entra el amor en el mundo. Cuando tenemos cerrado y bloqueado el corazón no sólo perdemos contacto con nuestra verdadera identidad, sino que ade­más no nos sentimos amados ni valorados. Esta pérdida es insoportable, por lo tanto interviene la personalidad para crear una identidad sustituía y en­contrar otras cosas que nos den sensación de valía, generalmente buscando la atención y la afirmación externas de los demás.
Así pues, los tres tipos de personalidad de la tríada del sentimiento están interesados ante todo en el desarrollo de su imagen. Compensan su falta de conexión más profunda con las cualidades esenciales del corazón erigiendo una falsa identidad e identificándose con ella. Entonces presentan esa ima­gen a los demás (y a sí mismos) con la esperanza de atraer amor, atención, aprobación y sensación de valía.
Desde el punto de vista psicológico, los tipos Dos, Tres y Cuatro son los más preocupados por su «herida narcisista», es decir, por lo que no se valoró de ellos en su infancia. Dado que nadie se gradúa de la infancia sin una he­rida narcisista de cierta envergadura, de adultos tenemos muchísima dificul­tad para ser auténticos los unos con los otros. Permanece el temor, una vez todo dicho y hecho, de que en realidad estemos vacíos y no valgamos nada. La trágica consecuencia de esto es que casi nunca nos vemos ni nos dejamos ver mutuamente, seamos del tipo que seamos. Reemplazamos lo que somos por una imagen, como si dijéramos al mundo: «Esta imagen soy yo. Te gusta, ¿verdad?». Es posible que los demás nos aprueben (es decir, que aprueben nuestra imagen), pero mientras no nos identifiquemos con nuestra persona­lidad, siempre quedará algo más profundo sin validación.
Los tipos de la tríada del sentimiento nos presentan tres soluciones diferentes para este dilema: complacer a los demás para caerles bien (tipo Dos); realizar cosas y sobresalir de algún modo para conseguir admira­ción y validación (tipo Tres), o tener una compleja historia sobre uno mismo y dar tremenda importancia a todas las características personales (tipo Cuatro).
Los dos temas principales de esta tríada entrañan problemas de identidad («¿Quién soy?») y de hostilidad («Te odio porque no me amas como yo quie­ro»). Dado que en su inconsciente los tipos Dos, Tres y Cuatro saben que su identidad no es una expresión de lo que son realmente, reaccionan con hos­tilidad siempre que no se valora su personalidad-identidad. La hostilidad les sirve para desviar la atención de las personas que podrían poner en duda o subvalorar su identidad y para defenderse de los sentimientos más profundos de vergüenza y humillación.
El tipo Dos busca valía en la buena opinión de los demás. Desea ser de­seado; trata de obtener reacciones favorables dando a los demás su energía y atención. Busca reacciones positivas a sus gestos de amistad, ayuda y bondad con el fin de fortalecer su autoestima. El enfoque de sus sentimientos es ha­cia fuera, hacia los demás, pero la consecuencia es que suele tener dificultad para saber qué le dicen sus sentimientos. También se siente a menudo poco valorado, aunque hace todo lo posible por ocultar la hostilidad que esa sen­sación le genera.
El tipo Cuatro es lo contrario: su energía y su atención las dirige hacia dentro para mantener una imagen basada en sentimientos, fantasías e histo­rias del pasado. Su personalidad-identidad se centra en «ser distinto», y en consecuencia suele sentirse distanciado de los demás. Tiende a generar y sos­tener estados de ánimo o humor en lugar de permitir que surjan los senti­mientos que están realmente presentes. Los Cuatro menos sanos suelen con­siderarse víctimas y prisioneros de su pasado; creen que no tienen esperanza de ser de otro modo debido a todas las tragedias y abusos que han sufrido. Así también atraen hacia sí atención y lástima y, por lo tanto, cierto grado de validación.
El tipo Tres, el del centro de esta tríada (situado en el vértice del trián­gulo equilátero), dirige su atención y energía hacia dentro y hacia fuera. A se­mejanza de los Dos, necesita reacciones y opiniones positivas y validación de los demás. El Tres busca principalmente la valía mediante logros; desarrolla ideas sobre cómo sería una persona valiosa y luego trata de ser esa persona. Pero también «su conversación interior consigo mismo» es muy activa, para generar y mantener así un cuadro interno de sí mismo coherente, como el Cuatro. También corre el riesgo de «creerse su propia propaganda» más que la verdad.

DIRECCIÓN DE LA IMAGEN PROPIA EN LA TRÍADA DEL SENTIMIENTO

Pese a las diversas imágenes que presentan estos tipos, en el fondo todos se sienten sin valía, y muchos de los hechos de su personalidad son intentos de disfrazarse, para ocultarse de sí mismos y de los demás. Los Dos obtienen una sensación de valía diciendo: «Sé que valgo porque los demás me quieren y me valoran. Hago el bien a los demás y me lo agradecen»; son salvadores. En el lado opuesto del espectro, los Cuatro son los salvados-, se dicen: «Sé que valgo porque soy único, distinto a todos los demás. Soy especial porque al­guien se coma el trabajo de salvarme; alguien se toma la molestia de preocu­parse por mi aflicción, eso quiere decir que me lo merezco». Los Tres son mo­delos de quienes no necesitan ser salvados, como si dijeran: «Sé que valgo porque consigo las cosas, no tengo nada mal. Valgo debido a lo que realizo». Pese a sus métodos individuales para «fortalecer la estima propia», a estos tres tipos les falta amor por sí mismos.
Mientras los tipos de la tríada del instinto tratan de controlar senti­mientos de rabia, los de la tríada del sentimiento tratan de contender con sentimientos de vergüenza. Cuando en la primera infancia no están reflejadas las cualidades esenciales auténticas, llegamos a la conclusión de que hay algo malo en nosotros; el sentimiento resultante es la vergüenza. Procurando sen­tirse valiosos mediante su imagen propia, estos tipos pretenden escapar a los sentimientos de vergüenza. Los Dos son superbuenos, tratan de atender y servir a los demás para no sentir vergüenza; los Tres se hacen perfectos en su actuación y sobresalientes en sus logros para poder resistir la vergüenza, y los Cuatro evitan los sentimientos más profundos de vergüenza dramatizando sus pérdidas y heridas y considerándose víctimas.


EN LA PRÓXIMA ENTRADAS VEREMOS: LATRÍADA DEL PENSAMIENTO

EL YO TRIADICO Y LOS CENTROS

EL YO 
TRIÁDICO 

 Si los seres humanos fuéramos capaces de permanecer centrados en nuestra unidad esencial no tendríamos necesidad del eneagrama. Pero sin trabajar en nosotros no podemos centrarnos. Una percepción universal de las grandes tradiciones espirituales es que la naturaleza humana está dividida, en contra de sí misma y en contra de lo divino. De hecho, nuestra falta de uni¬dad es más característica de nuestra realidad «normal» que de nuestra unidad esencial.
Con sorpresa el símbolo del eneagrama toma en cuenta ambos aspectos de la naturaleza humana, en su unidad (el círculo) y en la forma en que está dividida (el triángulo y la hexada). Cada parte del eneagrama nos re¬vela verdades psicológicas y espirituales acerca de quienes somos, profundi¬zando nuestra comprensión de nuestra difícil situación a la vez que nos su¬giere soluciones.
En esta entrada examinaremos las principales formas en que se ha dividido la unidad original de la psique humana: en tríadas, grupos diferentes de tres. Los nueve tipos no son categorías aisladas, sino que están relacionadas de modos extraordinariamente ricos y profundos cuyos sentidos trascienden los tipos psicológicos individuales.
 LAS TRIADAS

Las tríadas son importantes para el trabajo de transformación porque es­pecifican dónde está nuestro principal desequilibrio; representan los tres principales grupos de problemas y defensas del ego, y revelan las principa­les maneras en que contraemos nuestra percepción y nos limitamos.


Esta primera agrupación de tipos se fundamenta en los tres componentes básicos de la psique humana: instinto, sentimiento y pensamiento. Según la teoría del eneagrama, estas tres funciones están relacionadas con «centros» sutiles del cuerpo humano, y la personalidad se fija principalmente en uno de esos centros. Los tipos Ocho, Nueve y Uno constituyen la triada del instinto; los tipos Dos, Tres y Cuatro forman la tríada del sentimiento y los tipos Cinco, Seis y Siete son la triada del pensamiento. Vale la pena observar que la medicina moderna también divide el cerebro humano en tres componentes básicos: el cerebro primitivo o instintivo; el sistema límbico o cerebro emocional y el córtex cerebral o parte pensante del cerebro. Algunos profesores del eneagrama denominan también los tres centros como cabeza, corazón y vísceras, o centros del pensar, del sentir y del hacer respectivamente.
Sea cual sea nuestro tipo, nuestra personalidad contiene los tres componentes: instinto, sentimiento y pensamiento. Los tres se relacionan mutuamente y no podemos trabajar uno sin influir en los otros dos. Pero a la mayoría, atrapados como solemos estar en el mundo de la personalidad, nos cuesta distinguir esos componentes. Nada en nuestra educación moderna nos ha enseñado a hacerlo.
Cada una de estas tríadas representa una gama de capacidades o funciones esenciales que se han bloqueado o distorsionado. La personalidad, entonces, trata de llenar los huecos donde se ha bloqueado nuestra esencia, y la tríada en que está nuestro tipo indica dónde actúan con más fuerza las constricciones a nuestra esencia y el relleno artificial de la personalidad. Por ejemplo, en el caso de una persona tipo Ocho, se le ha bloqueado la cualidad esencial de la fuerza; entonces interviene su personalidad, que intenta imitar la verdadera fuerza, hace que actúe con dureza y que se imponga a veces de modo no apropiado. La falsa fuerza de su personalidad ha tomado el mando y ocultado el bloqueo de la verdadera fuerza, incluso a la propia persona. Mientras no comprenda esto, esta persona no podrá reconocer ni recuperar su fuerza esencial auténtica. De modo similar, cada tipo de personalidad reemplaza otra cualidad esencial por una imitación con la que se identifica y trata de hacer lo mejor posible. Paradójicamente, si el tipo de una persona está en la tríada del sentimiento, eso no significa que tenga más sentimiento que los demás. De igual modo, si alguien está en la tríada del pensamiento no por eso es más inteligente que los demás. En realidad, en cada tríada, la función que le corresponde (instinto, sentimiento o pensamiento) es la función que con más fuerza ha formado el ego a su alrededor y es por lo tanto el componente de la psique menos capaz de funcionar libremente.



La vida animal apoya todos los intereses espirituales.
 GEORGE SANTAYANA  


LOS TEMAS PRINCIPALES DE LAS TRES TRIADAS 
La triada del instinto 
Los tipos Ocho, Nueve y Uno procuran resistirse a la realidad (crean¬do límites para el yo basados en tensiones físicas). Estos tipos tienden a tener problemas de agresividad y represión; bajo las defensas del ego llevan muchísima ira.
La triada del sentimiento
Los tipos Dos, Tres y Cuatro están interesados en su imagen (apego al falso o supuesto yo de su personalidad). Creen que las historias sobre ellos y sus supuestas cualidades son su verdadera identidad; bajo las de¬fensas de su ego llevan muchísima vergüenza.
 La triada del pensamiento
 Los tipos Cinco, Seis y Siete tienden a la ansiedad (experimentan falta de apoyo y orientación). Se entregan a comportamientos que ellos creen que van a mejorar su seguridad; bajo las defensas de su ego llevan muchísimo miedo.



Cuando uno describe o explica o sólo siente interiormente su «yo», lo que hace en realidad, lo sepa o no, es trazar un límite o frontera mental en el campo de su experiencia, y todo lo que queda dentro de ese limite es lo que se siente o se llama «yo», mien¬tras todo lo que queda fuera de ese límite se siente o se llama «no yo». En otras palabras, la identi¬dad del yo depende totalmente de dónde se traza el limite fronterizo.
 KEN WILBER


LA TRIADA DEL INSTINTO:
Los tipos Ocho, Nueve y Uno se han formado en torno a deformaciones de sus instintos, que son la raíz de nuestra fuerza vital y vitalidad. La tríada del instinto tiene que ver con la inteligencia del cuerpo, con el funcionamiento básico vital y la supervivencia.
El cuerpo tiene un papel importantísimo en todas las formas de trabajo espiritual auténtico, porque devolver conciencia al cuerpo afirma la cualidad de la presencia. El motivo es bastante obvio: mientras la mente y los senti­mientos pueden vagar hacia el pasado o hacia el futuro, el cuerpo sólo existe en el aquí y el ahora, en el momento presente. Este es uno de los motivos funda­mentales de que prácticamente todo trabajo espiritual importante comience con retornar al cuerpo y conectar más con él.
Además, los instintos del cuerpo son las energías más potentes con las que tenemos que trabajar. Cualquier transformación verdadera ha de contar con ellos y cualquier trabajo que no los tome en cuenta con seguridad crea­rá problemas.
El cuerpo tiene una inteligencia y una sensibilidad pasmosas, y también posee su propio lenguaje y su forma de conocer. En las sociedades indígenas, como las tribus aborígenes de Australia, las personas han conservado una re­lación más franca con la inteligencia del cuerpo. Se han documentado casos de personas que han sabido en sus cuerpos que uno de sus parientes sufría una herida o lesión a muchos kilómetros de distancia. Este conocimiento corporal les ha permitido ir hasta la persona lesionada para auxiliarla.
En las sociedades modernas la mayoría estamos casi totalmente separa­dos de la sabiduría de nuestro cuerpo. El término psicológico para designar esto es disociación; en el lenguaje cotidiano lo llamamos irse, marcharse. En un día ajetreado y estresante, es posible que sólo sintamos el cuerpo si hay dolor corporal. Por ejemplo, normalmente no nos fijamos en que tenemos pies a menos que los zapatos nos queden demasiado estrechos. Pese a que la espalda es muy sensible, por lo general no tenemos conciencia de ella a no ser que recibamos un masaje, o tengamos una insolación o una lesión en ella, y a veces ni siquiera así.
Cuando de veras habitamos nuestro centro instintivo, es decir, cuando ocupamos totalmente nuestro cuerpo, este nos da una profunda sensación de plenitud, estabilidad y autonomía o independencia. Cuando perdemos con­tacto con nuestra esencia, la personalidad intenta «llenarla», proporcionando una falsa sensación de autonomía.
Para darnos esa falsa sensación de autonomía, la personalidad crea lo que en psicología se llama límites del ego. Con esos límites del ego podemos decir: «Esto soy yo y eso no soy yo. Eso no es yo, pero esta sensación (o pen­samiento o sentimiento) sí soy yo». Por lo general creemos que esos límites se corresponden con la piel y por lo tanto con las dimensiones del cuerpo, pero eso no siempre es así.
Esto se debe a que notamos tensiones habituales, no necesariamente los contornos del cuerpo. También podríamos notar que casi no tenemos sensa­ciones en algunas partes del cuerpo: se perciben insensibles, vacías. La verdad es que siempre llevamos con nosotros una sensación del yo que tiene poco que ver con cómo es en realidad nuestro cuerpo, donde está o qué estamos haciendo. El conjunto de tensiones internas que genera nuestro sentido in­consciente del yo es el cimiento de la personalidad, la primera capa.
Si bien todos los tipos emplean límites del ego, los tipos Ocho, Nueve y Uno lo hacen por un motivo particular: intentan usar su voluntad para influir en el mundo sin dejarse influir por él. Tratan de influir en su entorno, de re­hacerlo, de controlarlo, de refrenarlo, sin que este influya en su sentido de identidad. Para decirlo de otro modo, estos tres tipos se resisten, de diferentes modos, a la influencia de la realidad. Tratan de crear una sensación de inte­gridad y autonomía erigiendo un «muro» entre lo que consideran yo y lo que consideran no yo, aunque el lugar donde se levantan estos muros varía de tipo en tipo y de persona en persona.
Los límites del ego se clasifican en dos categorías. El primer límite está dirigido hacia fuera, y suele corresponder al cuerpo físico, aunque no siem­pre. Cuando nos cortamos las uñas o el pelo, o se nos extrae un diente, deja­mos de considerarlos partes de nosotros. A la inversa, es posible que subconscientemente consideremos partes nuestras a ciertas personas o pose­siones (casa, cónyuge o hijos), aunque ciertamente no lo son.
El segundo límite está dirigido hacia dentro. Por ejemplo, decimos que «tuvimos un sueño», y no pensamos que somos el sueño. También considera­mos separados de nuestra identidad algunos pensamientos o sentimientos, mientras que nos identificamos con otros. Como es lógico, diferentes perso­nas se identifican con diferentes sentimientos o pensamientos. Una persona podría experimentar la rabia como parte de sí misma, mientras otra conside­ra la rabia algo ajeno a ella. Pero en todos los casos es importante recordar que estas divisiones son arbitrarias y resultado de los hábitos de la mente.
En el tipo Ocho, el límite del ego está principalmente dirigido hacia fuera, contra el entorno; el centro de atención es también externo. La consecuencia es una expansión y desbordamiento de la vitalidad del Ocho en el mundo. Los Ocho gastan energía constantemente para que nada pueda acercárseles demasiado y herirlos. Su actitud hacia la vida viene a decir: «Nada me va a dominar. Nadie va a penetrar mis defensas para herirme. Voy a estar en guar­dia». Cuanto más herido se sintió el Ocho en su infancia, más amplio será el límite de su ego y más difícil resultará a los demás llegar hasta él.
Las personas tipo Uno también tienen un límite contra el mundo exte­rior, pero están mucho más interesadas en mantener su límite interno. Todos te­nemos aspectos que no aprobamos o de los que desconfiamos, que nos an­gustian y de los que deseamos defendernos. Los Uno gastan muchísima energía tratando de contener ciertos impulsos inconscientes, tratando de im­pedir que afloren a la conciencia. Es como si se dijeran: «No quiero ese sen­timiento. No quiero tener esa reacción ni ese impulso». Generan muchísima tensión física para contener sus límites interiores y mantener a raya aspectos de su naturaleza interior.

DIRECCIONES DE LOS LÍMITES DEL EGO EN LA TRIADA DEL INSTINTO





EN LA PRÓXIMAS ENTRADAS SE VERÁ: LA TRIADA DEL SENTIMIENTO y LA TRIADA DEL PENSAMIENTO



martes, 18 de octubre de 2011

LA SABIDURÍA DE ENEAGRAMA RISO





CAPÍTULO 2



 Entérate de lo que eres, y sé lo que eres.

PINDARO


El actual eneagrama de los tipos de personalidad no procede de una sola fuente. Es un híbrido, una amalgama moderna proveniente de varias tradi­ciones de sabiduría antigua combinadas con la psicología moderna. Diversos autores han especulado sobre sus orígenes, y sus entusiastas han elaborado una buena cantidad de folclore sobre su historia y desarrollo, pero, por des­gracia, gran parte de la información que se transmite es errónea. Muchos autores antiguos atribuían todo el sistema a los maestros sufíes, lo cual aho­ra sabemos que no es así.
Para comprender la historia del eneagrama es necesario distinguir entre su símbolo y los nueve tipos de personalidad. Es cierro que el símbolo del enea­grama es antiguo, tiene unos 2.500 años de antigüedad o más. De igual modo, las ideas que finalmente llevaron al desarrollo de la psicología de los nueve tipos se remonta por lo menos al siglo IV y tal vez a antes. Sin embargo, sólo ha sido en las últimas décadas cuando se han unido estas dos fuentes.
El origen exacto del símbolo del eneagrama se ha perdido para la histo­ria; no sabemos de dónde procede, así como no sabemos quién inventó la rueda ni quién inventó la escritura. Se dice que se originó en Babilonia alre­dedor del año 2500 a. de C., pero hay pocas pruebas fehacientes de que sea así. Muchas de las ideas abstractas relacionadas con el eneagrama, por no de­cir su derivación de la geometría y las matemáticas, sugieren que podría te­ner raíces en el pensamiento griego clásico. Las teorías que subyacen al dia­grama se pueden encontrar en las ideas de Pitágoras, Platón y algunos filósofos neoplatónicos. En todo caso, está claro que forma parte de la tradi­ción occidental que dio origen al judaismo, el cristianismo y el islam, así como a las filosofías hermética y gnóstica, aspectos de las cuales se encuentran en estas tres grandes religiones proféticas.
En todo caso, de lo que no cabe duda es que el responsable de introdu­cir el símbolo del eneagrama en el mundo moderno fue George Ivanovich Gurdjieff. Gurdjieff era armenio-griego nacido alrededor de 1875; de joven se interesó por el conocimiento esotérico y se convenció de que los antiguos habían desarrollado una ciencia completa para transformar la psique huma­na y que ese conocimiento se había perdido después. Junto con un grupo de amigos que compartían su deseo de recuperar esa ciencia perdida de trans­formación humana dedicó la primera parte de su vida a investigar todo tipo de sabiduría antigua que lograba encontrar. Estos amigos formaron un gru­po llamado Buscadores de la Verdad (SAT: Seekers After Truth) y decidieron explorar las diferentes enseñanzas y sistemas de pensamiento cada uno por separado y reunirse periódicamente para comunicarse lo aprendido. Viajaron mucho, visitaron Egipto, Afganistán, Grecia, Persia, India y Tíbet, pasaron periodos en monasterios y santuarios remotos y aprendieron todo lo que pu­dieron acerca de las tradiciones de sabiduría antiguas.
En algún lugar durante sus viajes, posiblemente en Afganistán o Tur­quía, Gurdjieff encontró el símbolo del eneagrama. Después desarrolló su síntesis de lo que él y los demás miembros del grupo habían descubierto. Acabó sus muchos años de investigación justo antes de la Primera Guerra Mundial y comenzó a enseñar en San Petersburgo y Moscú, atrayendo de in­mediato un público entusiasta.
Gurdjieff enseñaba un compendio vasto y complejo de psicología, espi­ritualidad y cosmología cuyo objetivo era ayudar a los alumnos a compren­der su lugar en el Universo y su finalidad en la vida. Gurdjieff también ense­ñaba que el eneagrama era el símbolo principal y más importante de su filosofía. Afirmaba que una persona no comprende algo por completo mien­tras no lo entiende desde el punto de vista del eneagrama, es decir, mientras no sabe colocar correctamente los elementos de un proceso en los puntos co­rrectos del eneagrama, para ver así las partes interdependientes del todo que se sostienen unas a otras. Así pues, el eneagrama que enseñaba Gurdjieff era ame todo un modelo de procesos naturales, no una tipología psicológica.
Gurdjieff explicaba que el símbolo del eneagrama tiene tres partes que representan tres leyes divinas que rigen toda la existencia. La primera de es­tas partes es el círculo, mándala universal usado casi en todas las culturas. El círculo representa la unidad, la totalidad y la unicidad, y simboliza la idea de que Dios es uno, la característica distintiva de las principales religiones occi­dentales: el judaísmo, el cristianismo y el islam.
Dentro del círculo encontramos el siguiente símbolo, el triángulo. En la tradición cristiana, representa la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. De modo similar, la cábala, enseñanza esotérica del judaísmo, afirma que Dios se manifiesta inicialmente en el Universo en forma de tres emanaciones o «esferas», las sefirot (Kéter, Bina y Jojmá), que aparecen en el principal sím­bolo de la cábala, el Árbol de la Vida. En otras religiones también vemos re­flejos de esta idea trinitaria: los budistas hablan de Buda, Dharma y Sangha; los hindúes, de Visnú, Brahma y Siva, y los racistas hablan del Cielo, la Tie­rra y el Hombre.
Es notable cómo casi todas las principales religiones del mundo enseñan que el Universo es una manifestación no de dualidad, como enseña la lógica occidental, sino de trinidad. Nuestra manera habitual de mirar la realidad se basa en pares de opuestos, por ejemplo bueno y malo, blanco y negro, mas­culino y femenino, introvertido y extrovertido, etcétera. Las tradiciones an­tiguas, no obstante, no ven hombre y mujer sino hombre, mujer e hijo/a; las cosas no son blancas o negras sino blancas, negras y grises.
A este fenómeno Gurdjieff lo llamó la «Ley de Tres»; según esta ley todo lo que existe es resultado de la interacción de tres fuerzas (las que sean, en una situación o dimensión dada). Incluso parece que los descubrimientos de la física moderna apoyan esta idea de la Ley de Tres; en la escala subatómica, los átomos están formados por protones, electrones y neutrones, y en lugar de haber cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, como se creía antes, la física ha descubierto que en realidad sólo hay tres: la fuerza fuerte, la fuer­za débil y el electromagnetismo.


Toma el entendimiento de Oriente y el conocimiento de Occidente y después busca.GURDJIEFF



Acuérdate de ti siempre y en todas partes.

GURDJIEFF

La tercera parte de este símbolo triple es la hexada (la figura cuyo trazo sigue los números 1-4-2-8-5-7). Esta figura simboliza lo que Gurdjieff llamó la «Ley de Siete», que tiene que ver con el proceso y el desarrollo en el tiem­po; afirma que nada es estático, todo se mueve y se convierte en otra cosa. In­cluso las piedras y las estrellas se transforman finalmente. Todo cambia, se re-cicla, evoluciona o se transfiere, aunque de modos legítimos y previsibles según su naturaleza y las fuerzas que actúan sobre ello. Los días de la sema­na, la tabla periódica y la octava de la música occidental se basan en la Ley de Siete.
Uniendo estos tres elementos (círculo, triángulo y hexada) obtenemos el eneagrama. Es un símbolo que representa la integridad de una cosa (el círcu­lo), cómo su identidad resulta de la interacción de tres fuerzas (el triángulo) y cómo evoluciona o cambia con el tiempo (la hexada).


Gurdjieff enseñaba el eneagrama mediante una serie de bailes sagrados, explicaba que debía considerarse un símbolo vivo, dinámico, móvil, no estático. Sin embargo, en ninguno de los escritos publicados de Gurdjieff ni de sus discípulos habla del eneagrama de los tipos de personalidad. Los oríge­nes de ese eneagrama son más recientes y se basan principal­mente en dos fuentes modernas.
La primera es Óscar Ichazo. Igual que Gurdjieff, ya desde muy joven a Ichazo le fascinó el descubrimiento de conoci­mientos perdidos. En su infancia aprovechó su extraordinaria inteligencia para asimilar textos filosóficos y metafísicos de la vasta biblioteca de su tío. Muy joven viajó desde su casa, en Bolivia, a Buenos Aires y después a otras partes del mundo
en busca de sabiduría antigua. Después de viajar por Oriente Medio y otras regiones, regresó a Sudamérica y comenzó a destilar lo que había aprendido.
Ichazo investigó y sintetizó los numerosos elementos del eneagrama has­ta que, a comienzos de los años cincuenta, descubrió la conexión entre el símbolo y los tipos de personalidad. Los nueve tipos que relacionó con el símbolo del eneagrama proceden de una tradición antigua, la de recordar los nueve atributos divinos como se reflejan en la naturaleza humana. Estas ideas comenzaron con los neoplatónicos, si no antes, y aparecieron en las Eneadas de Plotino en el siglo III. Entraron en la tradición cristiana como sus opues­tos: la distorsión de los atributos divinos se convirtió en los siete pecados (o «pasiones») capitales, más otros dos (el miedo y la mentira o engaño).
Común al eneagrama y a los siete pecados capitales es la idea de que si bien los tenemos todos en nosotros, uno en particular aflora una y otra vez; esa es la causa de nuestro desequilibrio y de que quedemos atrapados en el ego. Ichazo exploró las ideas antiguas acerca de los nueve atributos divinos, desde Grecia a los padres del desierto del siglo IV, que fueron los primeros en desarrollar el concepto de los siete pecados capitales, y desde allí pasó a la li­teratura medieval, como en los Cuentos de Canterbury de Chaucer y el «Purgatorio» de Dante.
También exploró la antigua tradición judía de la cábala. Esta enseñanza mística se desarrolló en las comunidades judías de Francia y España entre los siglos XII y XIV de nuestra era, aunque tenía antecedentes en las tradiciones místicas judías antiguas, como también en el gnosticismo y el neoplatonis­mo. Un símbolo fundamental en la filosofía cabalística es el llamado Árbol de la Vida (Etz Hayim), que, a semejanza del eneagrama, contiene las ideas de unidad, trinidad y un proceso de desarrollo que entraña siete partes.
En un relámpago de genialidad, a mediados de los años cincuenta, Icha­zo consiguió situar en la secuencia correcta todo este material sobre el sím­bolo del eneagrama. Sólo entonces se unieron las diferentes corrientes de transmisión para formar la plantilla básica del eneagrama tal como lo cono­cemos hoy.
En 1970, el famoso psiquiatra Claudio Naranjo, que estaba desarrollan­do un programa de terapia gestalt en el Instituto Esalen de Big Sur (Califor­nia), y un buen número de otros pensadores del movimiento de potencial humano, viajaron a Arica (Chile) para estudiar con Ichazo, que dirigía un curso intensivo de 40 días diseñado para conducir a los alumnos a la auto-comprensión. Una de las primeras cosas en su programa era el eneagrama, junto con los nueve tipos o lo que él llamaba «fijaciones del ego».
De inmediato el eneagrama cautivó a un buen número de personas, en particular a Naranjo, que volvió a California y comenzó a enseñarlo junto con otros sistemas psicológicos que había estudiado. Naranjo se interesó en hacer la correspondencia entre los tipos del eneagrama y las categorías psi­quiátricas que él conocía, y comenzó a ampliar los breves esquemas de Icha­zo sobre los tipos. Un método para demostrar la validez del sistema fue reu­nir grupos de personas que se identificaban con un determinado tipo o cuyas categorías psiquiátricas se conocía y entrevistarlas para destacar las similitu­des y adquirir más información. Por ejemplo, reunía a todas las personas de su grupo que tenían personalidad compulsiva-obsesiva para observar cómo correspondían sus reacciones con las descripciones del tipo de personalidad Uno, etcétera.
El método de Naranjo de usar grupos de personas para comprender los tipos no es un tradición oral antigua como se ha afirmado a veces; tampoco el eneagrama de la personalidad proviene de un cuerpo de conocimientos que han llegado hasta nosotros desde una fuente oral. El uso de paneles o grupos comenzó con Naranjo a principios de los años setenta, y es sólo una manera de enseñar e iluminar el eneagrama.
Naranjo empezó a enseñar una primera versión del sistema a grupos particulares de Berkeley (California) y a partir de allí su enseñanza se exten­dió rápidamente. El eneagrama lo enseñaban entusiastas en la zona de la Ba­hía de San Francisco así como en las casas de retiro de los jesuitas por toda Norteamérica, donde uno de nosotros. Don, entonces seminarista jesuita, aprendió la primera versión. A partir del trabajo fundamental de Ichazo y Naranjo, varios otros, entre ellos nosotros, los autores de este libro, hemos desarrollado el eneagrama y descubierto muchas facetas nuevas.
Nuestro trabajo ha consistido principalmente en desarrollar la base psi­cológica de los tipos, redondeando las primeras descripciones muy breves y demostrando cómo el eneagrama está relacionado con otros sistemas psico­lógicos y espirituales. Don siempre ha estado convencido de que mientras no estén completa y correctamente definidas las descripciones de los tipos el eneagrama será de poca utilidad real para nadie, y en realidad sería una fuen­te de mala información y mal orientados intentos de crecimiento.
En 1977 hubo un progreso importante, cuando descubrió los «niveles de desarrollo». Los niveles revelaron las gradaciones de crecimiento y dete­rioro por los que pasa la gente a lo largo de su vida; mostraron qué rasgos y motivaciones van con cada tipo y por qué. En un plano más profundo, indicaron nuestro grado de identificación con la personalidad y nuestra conse­cuente falta de libertad. También subrayó las motivaciones psíquicas de los tipos, de modo distinto a las descripciones impresionistas que predominaban cuando comenzó a trabajar. Desarrolló estas y otras ideas, tales como las co­rrelaciones con otras tipologías psicológicas y presentó sus hallazgos en Personality Types (1987) y Understanding the Enneagram (1990).
Russ se unió a Don en 1991, al principio para ayudarlo a elaborar un cuestionario para identificar el tipo, que finalmente se convirtió en el Riso-Hudson Enneagram Type Indicator (RHETI), y después colaboró en la revi­sión de Personality Types (1996). Russ ha aportado su comprensión y expe­riencia de las tradiciones y prácticas que subyacen a la teoría del eneagrama. Después desarrolló más las ideas presentadas por Don, descubriendo muchas de las estructuras más profundas de los tipos así como muchas de las impli­caciones del sistema para el crecimiento personal. Desde 1991 los dos hemos dirigido talleres y seminarios por todo el mundo y muchas de las percepcio­nes que presentamos en este libro provienen de nuestra experiencia de traba­jar con nuestros alumnos. Tenemos el privilegio de trabajar con personas de todos los continentes habitados y de todas las religiones importantes. Conti­núa sorprendiéndonos e impresionándonos lo universal y lo práctico que es el eneagrama.


 DON RICHARD RISO & RUSS HUDSON
http://eneagramacuartocamino.blogspot.com



sábado, 24 de septiembre de 2011

LA SABIDURÍA DEL ENEAGRAMA - RISO


PRESENTACIÓN  DE LOS NUEVE TIPOS
El trabajo con el eneagrama comienza cuando uno  identifica su tipo y empieza a comprender sus características dominantes.
Aunque reconoceremos en nosotros comportamientos de los nueve tipos, nuestras características más determinantes están arraigadas en uno de estos tipos:
Ver  test Riso -Hudson TRIE (etiqueta Riso)
Por ahora, lee los nombres de los nueve tipos y las breves explicaciones para ver cuáles, dos o tres, te parecen afines y más típicos de ti. Ten presente que las características enumeradas aquí sólo son unos cuantos aspectos destacables y no representan el aspecto completo de cada tipo de personalidad.
Tipo Uno: El reformador. El tipo idealista de sólidos principios. Las personas tipo Uno son éticas y concienzudas, poseen un fuerte sentido del bien y del mal. Son profesores y cruzados, se esfuerzan siempre por mejorar las cosas, pero temen cometer errores. Bien organizados, ordenados y meticulosos, tratan de mantener valores elevados, pero pueden resultar críticos y perfeccionistas. Normalmente tienen problemas de rabia e impaciencia reprimidas. En su mejor aspecto, el Uno sano es sabio, perceptivo, realista y noble, a la vez que moralmente heroico.
Tipo Dos: El ayudador. El tipo preocupado, orientado a los demás. Los dos son comprensivos, sinceros y bondadosos; son amistosos, generosos y abnegados, pero también pueden ser sentimentales, aduladores y obsequiosos. Desean intimar con los demás y suelen hacer cosas por ellos para sentirse necesitados. Por lo general tienen problemas para cuidar de sí mismos y reconocer sus propias necesidades. En su mejor aspecto, el Dos es generoso, altruista y siente un amor incondicional por sí mismo y por los demás.
Tipo Tres: El triunfador. El tipo adaptable y orientado al éxito. Las personas tipo. Tres son seguras de sí mismas, atractivas y encantadoras. Ambiciosas, competentes y enérgicas, también pueden ser muy conscientes de su posición y estar muy motivadas por el progreso personal. Suelen preocuparse por su imagen y por lo que los demás piensan de él. Normalmente tienen problemas de adicción al trabajo  y de competitividad. En su mejor aspecto, el Tres sano se acepta a sí mismo, es auténtico, es todo lo que aparenta ser, un modelo que inspira a otras personas.

EL ENEAGRAMA CON LOS NOMBRES DE TIPOS
 SEGÚN RISO-HUDSON

Tipo Cuatro: El Individualista. El tipo romántico e introspectivo. Los tipos Cuatro son conscientes de si mismos, sensibles, reservados y callados. Son demostrativos, sinceros y personalmente emocionales, pero también pueden ser caprichosos y tímidos. Se ocultan de los demás porque se sienten vulnerables o defectuosos, pero también pueden sentirse desdeñosos y ajenos a las formas normales de vivir. Normalmente tienen problemas de autocomplacencia y autocompasión. En su mejor aspecto, los tipos Cuatro sanos son inspirados y muy creativos, capaces de renovarse y transformar sus experiencias.
Tipo Cinco: El investigador. El tipo vehemente y cerebral. Los  Cinco son despabilados, perspicaces y curiosos. Son capaces de concentrarse y enfocar la atención en desarrollar ideas y habilidades complejas. Independientes e innovadores, es posible que se obsesionen con sus pensamientos y elaboraciones imaginarias. Se desligan de las cosas, pero son muy nerviosos y vehementes. Por lo general tienen problemas de aislamiento, excentricidad y nihilismo. En su mejor aspecto, el Cinco sano es pionero visionario, suele estar en la vanguardia y es capaz de ver el mundo de un modo nuevo.
Tipo Seis: El leal. El tipo comprometido, orientado a la seguridad. Las personas tipo Seis son dignas de confianza, trabajadoras y responsables, pero también pueden adoptar una actitud defensiva, ser evasivas  y muy nerviosas; trabajan hasta estresarse al mismo tiempo que se quejan de ello. Suelen ser cautelosas e indecisas, aunque también reactivas, desafiantes y rebeldes. Normalmente tienen problemas de inseguridad y desconfianza. En su mejor aspecto los Seis son estables interiormente, seguros de sí mismo, independientes, y apoyan con valentía a los débiles e incapaces.
Tipo Siete: El entusiasta. El tipo productivo y ajetreado. Los Siete son versátiles, optimistas y espontáneos; juguetones, animosos y prácticos, también podrían abarcar demasiado, ser desorganizados, e indisciplinados. Constantemente buscan experiencias nuevas y estimulantes, pero la actividad continuada los aturde y agota. Por lo general tienen problemas de superficialidad e impulsividad. En su mejor aspecto, los Siete sanos se centran en sus dotes y objetivos dignos, son alegres, muy capacitados y muy agradecidos.
Tipo Ocho: El desafiador. El tipo poderoso y dominante. Las personas tipo ocho son seguras se sí mismas, fuertes y capaces de imponerse. Protectoras, ingeniosas y decididas, también resultan orgullosas y dominantes; piensan que deben estar al mando de su entorno y suelen volverse retadoras e intimidadoras. Normalmente tienen problemas para intimar con los demás. Su  mejor aspecto, los Ocho sanos se controlan, usan sus fuerzas para mejorar la vida de otras personas, volviéndose heroicos, magnánimos y a veces históricamente grandiosos.
Tipo Nueve: El pacificador. El tipo acomodadizo, humilde. Los tipos Nueve son conformistas, confiados y estables. Son afables, bondadosos, se acomodan con facilidad y ofrecen apoyo, pero también pueden estar demasiado dispuestos a transigir con los demás para mantener la paz. Desean que todo vaya sobre ruedas, sin conflictos, pero tienden a ser complacientes y a minimizar cualquier cosa inquietante. Normalmente tienen problemas de pasividad y tozudez. En su mejor aspecto, los Nueve sanos son indómitos y abarcadores; capaces de unir personas y solucionar conflictos.

Si los hombres se conocieran, Dios los sanaría y personaría.

PASCAL 



LA SABIDURÍA DEL ENEAGRAMA Don Richard Risso



1
  Sobre los aspectos de nuestra vida que están oscuros y permanecen aún sin liberar. Si queremos vivir como seres espirituales en el mundo material, tenemos que explorar más esos aspectos.3

viernes, 12 de agosto de 2011

ENEAGRAMA ESENCIAL Joel Friedlander



ENEAGRAMA ESENCIAL 2º Parte
Tipos Humanos. Como descubrir nuestra esencia a través del
ENEAGRAMA
 De Joel Friedlander, Edit. Sirio cuarta edición 2004

La interacción de los rasgos activos, pasivos, positivo y negativo, genera cuatro combinaciones dentro de los siete tipos. El único tipo humano que es tal vez negativo y pasivo es el Lunar, mientras que Saturno, su opuesto, es activo y positivo. El Venusino y el Jovial son pasivos y positivos, mientras que el  Mercurial y el Marcial son activos y negativos.
Las personas activas y positivas – Saturninos y Solares – tienen siempre muchos planes, construyendo casa, fundan organizaciones, trabajan activamente en sus profesiones y están siempre enrolando amigos en sus diversos proyectos. Los Marciales y Mercuriales también activos pero negativos, suelen ser muy inquietos y no precisan se motivo alguno para sus actividades sino que de algún modo se sienten impulsados hacia ella. En cualquier lugar que esté, surgen problemas.
No puede ver una película sin descubrir los errores del montaje y, cuando van a comer a un nuevo restaurante, inevitablemente notan las faltas del servicio. Sienten una gran satisfacción de poder señalar tales fallos a quien quiera oírles y discuten si uno no está de acuerdo con ellos.
Los Venusinos y joviales, ambos pasivos y positivos, son muy populares  y divertidos, cálidos y generosos, incluso benevolentes. Siempre dispuestos a socorrer a quien se presente, ya sea dando comida a un mendigo o algo de dinero a un amigo necesitado. Pueden ser sensuales y graciosos, pero también con frecuencia dejados y desorganizados. Los Lunares único tipo pasivo y negativo, son solitarios. No están satisfechos con las cosas tal como son en la realidad pero en lugar de contribuir a mejorarlas, sólo se quejan. Según ellos el tiempo es malo, su trabajo aburrido y la vida muy difícil de soportar. Su negatividad les hace verlo todo malo, su pasividad les quita el deseo de cambiar algo.

En el flujo está el remedio:
El flujo del Eneagrama contiene, sin embargo, el remedio que cada tipo necesita para superar su propio desequilibrio. Observando el tipo siguiente y la fuerza inherente al mismo, cada uno de nosotros hallará todo lo necesario para compensar sus propias debilidades.
Por ejemplo, el Lunar que no puede evitar mantener frío y distante incluso en medio de una tormentosa pasión, hallará su antídoto en la calidez y apertura de Venus. Si lograra incorporar a sí mismo estas cualidades, su angustia se calmaría y sería capaz de comunicarse con los demás. Tanto la dinámica de esta circulación de los tipos a través del eneagrama, como el conocimiento psicológico y el equilibrio que posibilita, constituyen una invaluable contribución al estudio de los tipos. A medida que en los capítulos siguientes vayamos examinando cada uno de los tipos humanos, iremos viendo el significado que está circulación tiene para cada uno de ellos.
Tipos corporales y tipos humanos:
 Hay que tener en cuenta que cada uno de los diferentes tipos humanos se nos puede presentar bajo una gran variedad de aspectos físicos. Para ampliar este punto de vista podríamos recurrir a los trabajos de Willian Sheldon, y decir que dentro de cada tipo hay endomórficos, ectomórficos y mesomórficos. No obstante, el sistema de Cuarto Camino, quw ha sido el trampolín del moderno estudio de los tipos humanos, nos facilita un modo todavía más adecuado para considerar dichos tipos corporales. De hecho, incluso permite incorporar las categorías de Sheldon dentro del mismo sistema.
Me estoy refiriendo a la idea del centro de gravedad. En pocas palabras, viene a significar que cada uno de nosotros tiende a relacionarse con el mundo principalmente en base a ciertoas actitudes procedentes de un grupo concreto de funciones: el intelecto, las emociones o el cuerpo físico. En términos de Hellen Palmer sería la cabeza, el corazón y el vientre. Según Gurdjieff, estos centros de funcionamiento primario deben considerarse como tres inteligencias diferentes, existentes todas en nuestro interior, de modo que si sabemos cual de tales funciones es la que nos gobierna tendremos ya mucho camino recorrido en la tarea de poder reconocer y describir nuestras relaciones con el mundo exterior.
Poe ejemplo, un tipo intelectual considerará al mundo como un conjunto de cosas que deben ser descritas, etiquetadas y clasificadas. El tipo emocional intentará experimentarlo a través de sus sentimientos, mientras que el físico vivirá simplemente en un mundo de objetos y de espacios que se relacionan entre sí. En un concierto veremos como el tipo intelectual sigue la partitura atentamente, el emocional se deja llevar por el sentimiento que le produce y el físico por el ritmo y  el movimiento, así como las sensaciones que estos originan en su interior. Cuando su atención se disipe, el intelectual se perderá en pensamientos y el pasado o bien soñará en su próximo encuentro con alguien que estimule sus sentimientos – positivos o negativos – mientras que el físico pensará en proyectos a futuros y en lugares a donde desea ir.
Coincidencias con los tipos de Sheldon:
Además cada uno de estos tres tipos posee un carácter que, de algún modo, se aproxima a las divisiones de Sheldon. El intelectual tiende a tener el aspecto atenuado del ectomórfico, su constitución es más fina que la de los otros y sus dedos suelen ser delgados y delicados. El tipo emocional suele poseer el aspecto fornidos del endomórficos, carnosos, con la cara redondeada y muchas veces con problemas de peso. Los tipos físicos tienen normalmente el potente y musculoso cuerpo de los mesomórficos, son compactos y bien constituidos. Las características asignadas a los tres tipos de Sheldon también se ajustan a este esquema. Los esctomórficos suelen ser mentalmente activos, lo cual coincide con el  tipo intelectual. Los endomórficos son sociables y gustan de la comodidad, rasgos que también se identifican con los tipos físicos cierta tendencia a la actividad física y a la aventura.
Al combinar esta clasificación con los tipos básicos tenemos, por ejemplo, marciales físicos. Cada uno de ellos será una variante del tipo marcial y poseerá su propio y particular carácter, en cada uno la orientación marcial básica será modificada, algunas veces de manera notable. Como en cualquier otra clasificación, aquellos que compartan una cierta orientación simpatizarán con los de su misma esfera; así por ejemplo, los marciales emocionales, de algún modo reconocerán inmediatamente las fuerzas que motivan a jovial emocional.
De hecho la importancia de este centro de gravedad o función predominante, es tal que un tratado completo de los siete tipos humanos tendría que tenerla forzosamente en cuenta. No obstante, ello supera mucho el alcance de este libro, por lo que la completa elaboración de dicho trabajo queda para el futuro.

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